El reto de trasladar el laboratorio a la pantalla

Ángela Magnet Dávila, profesora adjunta del Área de Parasitología de la Facultad de Farmacia de la CEU USP.

«¿16? ¿11? ¿o 9 años?» Se pregunta nuestra compañera al pensar en el tiempo que lleva ligada a esta casa. Ángela Magnet comenzó a estudiar la carrera en la misma facultad en la que hoy trabaja. Comenzó como alumna, siguió como becaria de doctorado y ahora es profesora adjunta del Área de Parasitología de la Facultad de Farmacia de la CEU USP.

Los diferentes saltos académicos le han permitido saborear distintos «primeros días». «Tengo la suerte de trabajar en el CEU, un sitio que me propone nuevos retos continuamente y me permite crecer a través de muchos primeros días» afirma.

Pregunta. ¿En qué consiste tu día a día en el CEU?

Respuesta. Cada día para mí es distinto y eso es lo que lo hace tan especial. Compagino mis clases de teoría, que tienen un horario fijo durante el semestre, con las clases prácticas. Al impartir prácticas en varias titulaciones y asignaturas, cada una tiene un calendario y un horario distinto, lo que imposibilita un día monótono. Tengo la suerte, además, de ser responsable de la SAI de Diagnóstico Parasitológico. Ello implica que cada vez que llega una nueva muestra es una nueva ruptura en la monotonía: cada muestra es diferente y supone un nuevo reto. A todo ello hay que sumarle los ratitos que consigo dedicarle a la investigación ya sea en el laboratorio con los guantes puestos, leyendo o escribiendo nuevos artículos.

P. ¿Qué destacarías de tus compañeros? 

R. Los compañeros lo son todo. Sin ellos, nada sería posible. Desde preparar las clases prácticas, avanzar en la investigación, hacer los diagnósticos y, sobre todo, sin ellos no podría VIVIR el CEU. Los tiempos que dedicamos a la hora de la comida o el café nos convierten en un gran equipo dispuestos a ayudarnos en lo que haga falta. Además, sin las sesiones de risoterapia que practicamos con frecuencia, el CEU no sería para mí lo que es.

Poniendo el foco en la situación actual, la crisis del del COVID-19 llegó y cambió la forma de impartir las clases, de investigar, de comunicarse con los compañeros, etc. Para nuestra compañera, la adaptación de sus clases de laboratorio a la docencia online ha sido posiblemente el mayor reto al que se ha enfrentado durante estos días.

«Soy una fiel defensora del «learning by doing» y de la noche a la mañana esto cambió y hubo que buscar formas creativas para conseguir acercarnos lo más posible al laboratorio, pero desde muy lejos. Además, tengo la suerte de ser una de las Embajadoras de Transformación Digital por lo que este reto ha sido aún mayor: ya no se trataba solo de adaptar mis clases, era ayudar a la comunidad CEU a adaptarse. Unos días antes de que se cerraran las universidades, recibí un email preguntando si, por favor, podía dar, junto con algunos miembros de IT, un seminario a mis compañeros de cómo funcionaba Blackboard Collaborate Ultra (la aplicación que usamos para dar las clases online) y ese fue el principio de la gran aventura de la transformación en la que nos embarcamos. ¡Parece increíble que fuera hace menos de tres meses cuando aún usaba la tiza para explicar los ciclos biológicos de ‘mis parásitos’!» nos cuenta.

P. ¿Cómo fueron los primeros momentos?

R. Recuerdo el último día que estuvimos presencialmente en el CEU, los nervios de cómo habría que dar las clases de forma virtual, no queríamos parar y muchos de mis compañeros no dudaron en estrenarse al día siguiente desde casa.

Ya desde casa, comenzaron las reuniones virtuales con los otros embajadores, tanto de la San Pablo como de la Cardenal Herrera y la Abat Oliba y se creó un ambiente de ayuda y familia espectacular. Daba igual que muchos no nos hubiéramos visto nunca en persona pues queríamos que esta transformación funcionase y trabajamos codo a codo. Cada uno teníamos diferente experiencia docente y tecnológica, pero Juan Manuel Corpa y Ricardo Palomo consiguieron que sonásemos todos afinados como una orquesta de verdad bajo la batuta de Iñaki Bilbao

Empezamos a grabar tutoriales, y poco a poco me fui soltando hasta encontrarme cómoda hablando sola a una máquina. Bueno, sola no estaba, en este proceso «Curro» ha sido mi fiel compañero, así que cuando lo convirtieron en mascota virtual me hizo una ilusión tremenda.

En su cambio de rutina, nuestra compañera nos cuenta lo contradictorio que supone trabajar en remoto, donde la dificultad de separar trabajo y casa se hace palpable y donde se pierde de forma más fácil la noción del tiempo. Aunque, si bien es cierto que su día de trabajo ha cambiado, Ángela intenta mantener una rutina similar a la era «pre-covid», donde las buenas costumbres como tomarse el café junto a sus compañeros se mantienen. 

P. ¿Cómo es ahora la relación con tus compañeros? 

R. Gracias a Teams seguimos juntos en el día a día, tanto es así, que esta semana tuve que volver a la facultad a recoger unas cosas y me crucé con algunos de mis compañeros y la sensación no fue de re-encuentro como cuando volvemos de verano tras un mes sin vernos. La sensación fue de continuidad, de un día más ya que nos hemos estado «viendo» casi a diario.

En cuanto a los alumnos, Ángela resalta su buena actitud para conseguir que esta nueva docencia saliera adelante: «Tenemos la suerte de contar con unos estudiantes que tienen ganas de aprender, de continuar y terminar su curso y en muchos casos la carrera. Ha sido difícil para todos esta adaptación, pero creo que nuestros alumnos la han afrontado con muy buena disposición».

Dentro de su nueva rutina, nuestra compañera ha vuelto a sacar tiempo para cocinar y sigue aprovechando su tiempo tejiendo: «soy una ganchillera avezada y cuando tengo un ratillo libre saco la aguja y tejo sin pensar en nada más» afirma.

Para terminar, Ángela nos recomienda adentrarnos en las novelas Juan Gómez Jurado: «son libros ágiles de leer que te alejan rápidamente de lo que está ocurriendo a tu alrededor. Respecto a películas, permitidme tirar de filmoteca y recomendar algunas películas ya un poco antiguas, «Tomates verdes fritos», no me canso de verla; «Tesis», me había olvidado de ella y una alumna me la recordó y claro, tuve que volver a verla porque es una gran obra de nuestro cine. Y ya que estoy con recomendaciones de cine español no puedo olvidarme de «Tiempo después», última película de Jose Luis Cuerda que, con su humor absurdo y sus diálogos salpicados de versos nos trasladan a un futuro distópico en el que es el rey de Bastos el gobernante y los parados viven en una aldea propia».

Y, por supuesto, tiene claro que cuando volvamos a la «nueva normalidad» lo primero que hará es ir a casa de sus padres a comer y después a disfrutar del tiempo con los amigos.

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