Estudiar la Doctrina Social de la Iglesia hoy: 10 razones para hacerlo

¿Por qué estudiar la doctrina social de la Iglesia? En el verano de 2024 me matriculé en el Diploma Universitario en DSI que ofrece el Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala. La propuesta respondía a mis intereses y a una trayectoria en la que confluyen la acción cultural, el compromiso comunitario y el ejercicio de diversas funciones directivas. Desde hace años participo en iniciativas orientadas al bien común, he impulsado asociaciones y proyectos vinculados a la educación y la cultura, y desde mi trabajo como responsable de marketing operativo difundo el conocimiento y la participación en actividades que promueven y transmiten el magisterio de la Iglesia, como el Congreso Católico y Vida Pública o la formación del CEU.

El curso comenzó en septiembre. En la conferencia inaugural, Ángel Expósito compartió una serie de testimonios que mostraban el poder transformador de la fe vivida en contextos de dificultad o necesidad. Fue una llamada directa a mirar el mundo con compromiso y sin ingenuidad y a valorar a las personas que son ejemplo de caridad y aportan una luz de esperanza para todos nosotros. Poco después recibí un diagnóstico médico que me obligó a reorganizar mi tiempo y mis prioridades durante varios meses. La cirugía se programó para diciembre y tuve que pasar casi tres meses de convalecencia. El estudio de la doctrina social de la Iglesia, inicialmente vinculado a mis inquietudes intelectuales y sociales, me ofreció un marco más amplio para pensar el sentido de mi vida y mi papel como padre y como profesional. En ese momento pude valorar además la flexibilidad del curso, ya que pude seguir las clases en remoto.

San Pablo escribe a los cristianos de Roma: «Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (Rm 12,2). Esa renovación implica una forma de mirar, una comprensión del presente y una orientación para actuar con libertad. Estudiar la DSI me ha situado ante esa tarea con mayor claridad.

10 razones por las que he estudiado Doctrina Social de la Iglesia

Tras haber realizado el curso, es momento de hacer balance y reflexionar sobre cuáles han sido las diez razones que me han llevado a estudiar el Diploma Universitario en DSI o que a lo largo del curso me han motivado a profundizar en sus distintos módulos y principios:

  1. Profundizar en una fe que se proyecta sobre la vida pública
    San Pablo exhorta realizar «la verdad en el amor» (Ef 4,15). Esta verdad reclama unidad entre la confesión de fe, el pensamiento cultivado y la acción en el mundo. Como laico con responsabilidades profesionales, familiares y culturales, valoro una formación que articule esa presencia con fidelidad al Evangelio y sentido de misión.
  2. Ejercitar el discernimiento ético con fundamento teológico
    La vida profesional y social plantea dilemas que exigen criterios firmes. El estudio de la DSI proporciona principios como la dignidad de la persona, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad. Como afirma Benedicto XVI, «la caridad es la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia» (Caritas in veritate, 2). Estos fundamentos iluminan las decisiones cuando se interiorizan con rigor y se aplican orientadas por la generosidad y el sentido de la justicia.
  3. Comprender el papel del laico en la configuración del orden social justo
    El bautismo incorpora al creyente en un camino que alcanza todas las facetas de la existencia. El laico puede actuar en diversos ámbitos para promover el bien común: en la política, en la educación, en la economía, en la cultura, lo puede hacer individualmente y a través de distintas instituciones y mecanismos asociativos siguiendo el principio de subsidiariedad. Tal y como afirmaba santo Tomás Moro: «La naturaleza … invita a todos los mortales a ayudarse mutuamente en la búsqueda de una vida más feliz» (Utopía, Libro II, sobre las relaciones públicas/filosofía). La formación recibida ayuda a asumir ese papel con mayor claridad, en comunión con otros creyentes y con conciencia de nuestra propia responsabilidad.
  4. Recibir una formación teológica que une razón y fe con profundidad
    El diploma ofrece una síntesis bien articulada entre la Revelación, la tradición y el pensamiento crítico. El estudio de santo Tomás de Aquino permite comprender el valor de la ley natural, el fundamento de la justicia social y el vínculo entre naturaleza y gracia. Esta formación fortalece la argumentación y favorece un pensamiento más robusto, alineado con nuestras creencias y valores.
  5. Estudiar el magisterio social como desarrollo de la tradición viva
    Las encíclicas sociales, desde Rerum novarum hasta Fratelli tutti, configuran un cuerpo doctrinal coherente. León XIII destacaba en esa primera encíclica fundacional, la primacía de la dignidad humana frente a los abusos en el trabajo y estableció varios de los principios fundamentales que articulan la DSI: la libertad, la justicia y la solidaridad. Este magisterio en esta materia se desarrolla con continuidad y responde a las exigencias de cada época sin romper su fundamento teológico. El Concilio Vaticano II, en la constitución pastoral Gaudium et Spes, propone una lectura creyente de los signos de los tiempos y una teología de la presencia cristiana en el mundo. Allí se articulan con claridad la centralidad de la dignidad humana, la dimensión comunitaria de la vocación cristiana y la apertura de la Iglesia a los retos de la cultura, la economía, la política y la técnica. Esa apuesta por la dignidad intrínseca de la persona abarca con el tiempo distintos aspectos con trascendencia social, conformando lo que hoy es la DSI.
    En 2005, por encargo de san Juan Pablo II, se articularon estos principios y enseñanzas de forma sistemática en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. Posteriormente, Benedicto XVI, en Caritas in veritate, profundizó en el vínculo entre verdad, caridad y desarrollo humano integral. Francisco continuó ampliando este Magisterio con una propuesta de ecología integral en Laudato si’, en la que el cuidado de la creación se entrelaza con la justicia social. A lo largo del diploma, hemos abordado también la historia de la DSI y cómo renueva en diálogo crítico con los grandes retos históricos y culturales. Frente a corrientes que buscan marginar la fe del espacio público —como la secularización, el laicismo o movimientos como la masonería—, el Magisterio ha ofrecido respuestas lúcidas que no solo defienden la dignidad de la persona, sino que invitan a los laicos a un compromiso valiente y prudente, capaz de dar razón de la antropología cristiana en contextos de pluralismo y desafío ideológico.
  6. Fortalecer la esperanza como virtud teologal vivida y compartida
    Francisco nos dejó como legado este año jubilar, para el que eligió el lema Peregrinos de la Esperanza. La esperanza forma parte también del lema del 27 Congreso Católicos y Vida Pública, que organizan CEU y ACdP y que se celebrará en noviembre de 2025. Sobre este tema decidí centrar mi trabajo de fin de diploma, sosteniendo la hipótesis, confirmada a lo largo del mismo, de que esta virtud teologal tiene un impacto relevante en la vida pública, sobre la comunidad y en las manifestaciones culturales. Forma parte fundamental no sólo de los cristianos desde el bautizo, sino de la Iglesia misma, de nuestro camino y del de nuestra sociedad. Expresada en los jóvenes, es un faro para los demás y, por ello, desde las instituciones educativas de inspiración católica, es necesario reforzar su formación en los valores y principios del humanismo cristiano.
  7. Participar en una comunidad de aprendizaje muy enriquecedora
    El aula se convierte en espacio de comunión cuando se comparte la búsqueda con creyentes de distintas generaciones que proceden de contextos diversos: la enseñanza, las organizaciones caritativas, el sacerdocio y la actividad pastoral, la política, la administración de empresas, el derecho, la salud, el marketing y otras muchas profesiones. La pluralidad enriquece los debates, amplía perspectivas y refuerza el sentido de pertenencia a una comunidad que vive la fe en diálogo con los retos del mundo. Esta comunidad se ha extendido fuera del aula, a través de un grupo de WhatsApp donde compartimos artículos, videos, música, en varias comidas, en el café de los descansos, en eventos y conferencias dentro y fuera del CEU.
  8. Aplicar los principios de la doctrina social en la vida profesional
    El trabajo se transforma al comprenderlo como participación en la creación y servicio al bien común. La doctrina social de la Iglesia ofrece una orientación clara para ejercer responsabilidades con visión cristiana. En mi ámbito, esta formación ha dado consistencia a decisiones relacionadas con la comunicación, la organización y la gestión de proyectos, también para una comprensión más profunda del significado del liderazgo a la luz de la DSI: se trata de que lo que proponemos lograr a los equipos u organizaciones que lideramos tenga un sentido, desde la ética, el respeto y con vocación de servicio, evitando el economicismo y actuando con nobleza y justicia.
  9. Reforzar el vínculo entre esta formación y la misión educativa del CEU
    La Fundación Universitaria San Pablo CEU mantiene un compromiso histórico con la doctrina social de la Iglesia. Este diploma encarna esa fidelidad institucional. Como profesional vinculado al CEU, cursarlo ha supuesto una forma de alinear mi trabajo con el proyecto educativo y cultural que compartimos, y de contribuir de forma más consciente a su desarrollo. La lectura del libro Una pedagogía desde el humanismo cristiano, que estudia las raíces identitarias del modelo educativo del CEU, y la sesión formativa que impartieron Ana Sánchez-Sierra y Jesús Cogollos sobre DSI y humanismo cristiano a los trabajadores del CEU me ha hecho aún más evidentes estos vínculos.
  10. Responder a los desafíos del presente desde una fe formada
    El hombre actual se enfrenta a diversos desafíos, entre ellos, el vacío espiritual, la fatiga emocional, la ansiedad ante el futuro, debilitamiento de los vínculos y la fragmentación del sentido de la vida. El estudio ordenado de la doctrina social de la Iglesia permite interpretar el mundo sin ingenuidad ni ensimismamiento, observando otras tendencias contrarias al bien común como el individualismo, el economicismo, el tecnocentrismo o la presión por el éxito. Esta formación ofrece una visión que articula justicia, verdad, caridad y comunión. En tiempos como éstos, conocer y entender la DSI constituye una forma concreta de vivir en la fe y de ejercer con esperanza la caridad social.

El Instituto Ángel Ayala y el programa del CEU

El Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala, dirigido por Carlos Gregorio Hernández, forma parte de la Fundación Universitaria San Pablo CEU. Su creación responde a una vocación precisa: articular una formación humanista cristiana que permita comprender el presente desde la fe y actuar en él con responsabilidad. El diploma en doctrina social de la Iglesia se inscribe en esa misión, como parte de un proyecto educativo con raíces intelectuales y eclesiales bien definidas. El Instituto ofrece además ayudas especiales a diversos colectivos y a personas que por razones económicas no puedan abordar la totalidad de la matrícula.

Esta oferta formativa se apoya en el legado de la Asociación Católica de Propagandistas. Desde sus orígenes, la ACdP impulsó la participación de los laicos en la vida pública mediante el estudio riguroso, la acción cultural y el compromiso con el bien común. La doctrina social de la Iglesia, tal como se expone en el programa, prolonga esa tradición y le ofrece un marco sistemático, con referencias bíblicas, patrísticas, magisteriales y filosóficas bien estructuradas.

El plan de estudios combina módulos de fundamentación: teología, antropología cristiana, y evolución histórica, fuentes y metodología con otros temáticos como matrimonio y familia, bioética; derecho, comunidad política e internacional; economía y trabajo, y finalmente, cultura y medios de comunicación social.  Cada asignatura sitúa el contenido en el marco doctrinal de la Iglesia y lo relaciona con los desafíos contemporáneos mediante la metodología de la DSI: ver, juzgar y actuar. Esta estructura permite una visión integrada, sin dispersión temática ni simplificaciones.

Las sesiones se imparten de forma quincenal, viernes por la tarde y sábados por la mañana, con posibilidad de asistencia presencial o de forma online en modo síncrono. Este formato facilita la participación de personas con responsabilidades familiares o laborales. También será posible cursar módulos de forma independiente. La propuesta mantiene el nivel académico de una universidad y, al mismo tiempo, permite una adaptación realista a distintos perfiles.

El equipo docente está formado por profesores de universidades públicas, católicas y eclesiásticas. Entre ellos se encuentran especialistas en teología, filosofía, derecho, economía y ciencias sociales. Esta diversidad de procedencias asegura una formación amplia, con unidad doctrinal y pluralidad metodológica.

Para concluir el curso se ha de redactar un trabajo de fin de diploma que conecte al menos con uno de los módulos estudiados. Mi trabajo, principalmente centrado en el de teología, se titula: La virtud teologal de la esperanza: raíz escatológica, vocación a la comunión y proyección en la vida pública.

El Instituto Ángel Ayala genera un entorno formativo donde la reflexión intelectual se articula con la vida espiritual, la experiencia pastoral y el sentido de comunión. Esta dimensión contribuye a la solidez de la propuesta y la vincula con la misión educativa más amplia del CEU.

Conclusión

El tiempo dedicado a formarme en la DSI ha sido valioso. Me ha permitido reflexionar sobre los aspectos que impactan en la sociedad, sus principios y la integración de las dimensiones de la vida. También, desde el punto de vista de la teología, he podido entender mejor el modo en que nuestro pensamiento y la fe sostienen nuestro compromiso público a partir de otras virtudes como la esperanza o la caridad.

En resumen, la respuesta a por qué estudiar el Diploma en Doctrina Social de la Iglesia es que trasciende la transmisión de conocimientos, propone un camino y finaliza proponiéndonos que hagamos nuestra propia reflexión a la luz de lo aprendido. Cada módulo vincula la verdad revelada con los desafíos del presente, y cada sesión invita a vivir con conciencia, discernimiento y visión crítica en el plano público. La experiencia compartida con creyentes de muy diversa trayectoria profesional e intelectual ha reforzado mi sentido de pertenencia a la comunidad y mi deseo de contribuir al bien común desde los roles que ocupo en el ámbito profesional, familiar y asociativo.

Esta formación es fecunda para diversos perfiles: profesores, directivos, colaboradores de asociaciones, estudiantes de postgrado, quienes inician su carrera, acompañan pastoralmente o buscan profundizar en la misión del laico. Todos encontrarán en ella un marco firme, abierto, fiel al Magisterio y atento a la realidad.

Quiero agradecer al equipo docente del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala su entrega, competencia y cercanía, así como la coordinación de Beatriz Bullón de Mendoza y la ayuda de José Luis Martín, que han facilitado enormemente el aprovechamiento de este diploma. Y también dar gracias a mis compañeros de promoción, por su compañerismo, por sus aportaciones y por haber constituido una excelente comunidad de aprendizaje, dentro y fuera del aula.

Entre los alumnos del Instituto Ángel Ayala destaca el ejemplo de Marcos García, graduado en Genética y experto en Bioética, quien además de presentar un excelente trabajo de fin de diploma sobre la eugenesia, es coordinador del proyecto Patrimonio que da Vida, que moviliza a universitarios y profesores para restaurar iglesias rurales, acompañar a los mayores y revitalizar comunidades en la España vaciada. Su labor muestra cómo la Doctrina Social de la Iglesia inspira iniciativas que unen fe, cultura y servicio, generando esperanza donde parecía agotada.

El diploma incorpora también enseñanzas recientes que iluminan el compromiso del laico en la vida pública:

  • Evangelii gaudium subraya la dimensión social de toda evangelización.
  • Deus caritas est presenta la caridad como principio estructurador de la convivencia.
  • Fratelli tutti ofrece una lectura cristiana de la fraternidad como fundamento de la cultura del encuentro.

«Transformaos por la renovación de la mente» (Rm 12,2). Ese mandato de san Pablo no remite a un gesto interior abstracto, sino a una disposición activa para vivir según la verdad. Estudiar doctrina social de la Iglesia ha significado para mí una forma de responder a ese llamamiento y de poner mi inteligencia, tiempo y esfuerzo al servicio del bien común.

José Antonio Redondo Martín